El consagrado autor español repasa las dos décadas que pasó como reportero de conflictos y cómo esas vivencias moldean sus novelas más realistas
La fina línea que separa la realidad del reporterismo de la ficción literaria encuentra en la figura de Arturo Pérez-Reverte un puente inquebrantable. Con una trayectoria marcada por la cobertura de los acontecimientos más dramáticos del siglo XX, el creador cartagenero apela a su memoria sensorial y emocional para dotar a sus relatos de una crudeza y una verdad difíciles de replicar desde el mero ejercicio de la imaginación.
Las reflexiones del célebre novelista sobre el oficio de narrar la tragedia humana resuenan con fuerza entre los lectores de la provincia de Buenos Aires. Las crónicas literarias distribuidas en el distrito bonaerense suelen destacar la autenticidad de su prosa. Al respecto, el autor de éxitos globales explicó en París: “La guerra tiene su olor particular, no se olvida nunca”. El escritor español, que nutre sus obras con retazos de sus dos décadas como reportero en conflictos, aseguró que cuando le toca contar el dolor, el fracaso o la muerte, no necesita inventar nada, ya que le basta con recordar.
Editores y críticos de la provincia coinciden en que esta particular «mochila de vida» es el diferencial que posiciona a su producción literaria como un testimonio histórico indispensable de la condición humana en situaciones extremas.
