La falta de tratamiento de residuos sólidos urbanos genera focos infecciosos y contaminación de napas en decenas de distritos. El territorio provincial concentra una parte crítica de los depósitos ilegales del país.

La crisis en la gestión de residuos en la provincia de Buenos Aires ha alcanzado un punto de inflexión. La proliferación de vertederos sin control se ha transformado en el desafío ambiental más urgente, afectando la biodiversidad local y la salud de las comunidades que conviven con la disposición desregulada de desechos.
Estos espacios, caracterizados por la ausencia total de medidas de seguridad y saneamiento, funcionan como depósitos donde la basura se acumula de forma bruta, sin procesos de reciclaje o separación. Esta modalidad no solo degrada el suelo, sino que produce lixiviados que ponen en riesgo los acuíferos. Según relevamientos sectoriales, se estima que en Argentina existen más de 5.000 de estos puntos críticos, una cifra que refleja la magnitud de un problema estructural que trasciende las fronteras municipales.
En el escenario específico de Buenos Aires, el panorama es alarmante: de los 135 municipios que integran la provincia, al menos 77 dependen de estos sitios como destino final para sus desperdicios. La carencia de plantas de tratamiento modernas y la falta de inversión estatal han cronificado una situación que los expertos definen como un «drama a cielo abierto», donde las acusaciones por la falta de financiamiento presupuestario impiden avanzar hacia sistemas de economía circular.
