El Gobierno reconoce un «empantanamiento» en la dinámica diaria tras la investigación contra el jefe de Gabinete. Internas en el «Triángulo de Hierro» complican la toma de decisiones.
La administración nacional atraviesa uno de sus momentos más complejos desde diciembre. La denuncia por presunto enriquecimiento ilícito contra Manuel Adorni no solo desgastó la figura del ministro coordinador, sino que admiten desde Balcarce 50, ha ralentizado el ritmo de la gestión pública y la resolución de temas urgentes.
Dentro del Gabinete, la percepción de lentitud es casi unánime. Mientras algunos sectores atribuyen el «stand by» directamente a la situación judicial de Adorni, otros apuntan a la sobrediscusión y la «burocratización» de las decisiones en la mesa política. Este escenario de «gobierno asambleario» ha impedido, por ejemplo, definir una hoja de ruta clara para temas sensibles como el financiamiento universitario o la demorada Reforma Política. A pesar de los gestos de respaldo al jefe de Gabinete, el Ejecutivo no logra retomar el control de la agenda.
En este contexto, el oficialismo busca reordenarse para evitar que el ruido interno termine por bloquear definitivamente la operatividad del Estado.
