Científicos advierten sobre daños permanentes en la biodiversidad marina. Los corales de agua fría, únicos en el mundo, están en peligro por la actividad industrial en áreas protegidas.
La muerte de miles de toneladas de salmones en el fiordo Comau marcó un punto de inflexión en la discusión ambiental en Chile. A pesar del aumento de áreas marinas protegidas, la persistencia de actividades productivas en reservas de uso múltiple pone en riesgo ecosistemas que, según los expertos, albergan tesoros biológicos únicos que permanecen ocultos bajo la superficie.
La bióloga alemana Vreni Häussermann, quien investiga la región hace más de dos décadas, sostiene que existe un daño grande y permanente en la biodiversidad de los fiordos. La experta destaca que la Patagonia chilena es el lugar del mundo donde mejor se pueden estudiar los corales de agua fría debido a su ubicación en aguas someras, una característica que atrae el interés de organismos internacionales como el Instituto Alfred Wegener de Alemania.
Sin embargo, las floraciones de algas nocivas, potenciadas por la industria salmonera, generan mortandades masivas que alteran el equilibrio del ecosistema. La preocupación radica en que, al tratarse de un impacto submarino, la problemática suele quedar fuera de la agenda pública hasta que las consecuencias son devastadoras para la fauna local.
El desafío actual de las autoridades trasandinas es armonizar la protección de los fiordos con las normativas de explotación comercial en zonas de reserva.
