El gobernador viaja a La Falda para demostrar que su construcción federal no tiene techo. Un guiño a los sectores productivos y del trabajo del interior.
La política bonaerense ya no se queda en casa. Axel Kicillof desembarca este viernes en el corazón de la provincia mediterránea, un movimiento que los analistas ven como el inicio formal de su despliegue nacional. Acompañado por Héctor Daer, el gobernador busca llevar su modelo de gestión a los oídos de más de 600 delegados de todo el país reunidos en La Falda.
La jugada es audaz pero prudente. Kicillof sabe que Córdoba es el termómetro de la Argentina federal y llega para demostrar que el peronismo bonaerense tiene vocación de escucha. Sin invadir el terreno de Martín Llaryora, la visita busca fortalecer los lazos con el peronismo cordobés que hoy busca una referencia nacional sólida. Con la experiencia de su reciente viaje a Tierra del Fuego, el mandatario refuerza su perfil de líder nacional capaz de caminar cualquier territorio, por más adverso que parezca.
Se escribe un nuevo capítulo en la historia de la construcción federal de la Provincia.
