El juez de Campana los mandó a guardar y les clavó embargos millonarios tras descubrir cómo truchaban los permisos de la ANMAC.
Las novedades en el plano de las crónicas policiales del oeste y el norte traen un golpe tremendo a las mafias del contrabando. Tras una investigación re profunda de la Policía Federal, le pusieron las esposas a los once capos de una organización, acusados de comprar armas legales para después revenderlas a los delincuentes de la zona.
La avivada saltó porque los sospechosos se hacían pasar por legítimos usuarios y compraban de a cinco pistolas Bersa y Glock sin tener un mango partido por la mitad. Cuando la Unidad Fiscal Antimafia les cayó de sorpresa en los aguantaderos, se encontraron con que las 742 armas declaradas habían desaparecido por completo, habiendo mandado los cargamentos directo a las bandas pesadas de Uruguay y Chile de canuto.
En los tribunales los fiscales avisaron que van a ir a fondo para encontrar los galpones donde esconden el resto.
