Un recorrido por los edificios más emblemáticos de Buenos Aires que permiten revivir el protocolo europeo y la sofisticación de las meriendas imperiales.

La fisonomía de la Ciudad de Buenos Aires, con su fuerte impronta europea, se ha convertido en el escenario ideal para el resurgimiento de la cultura del té. Lejos de ser una simple infusión, este ritual invita a los comensales a una experiencia de inmersión en la elegancia de la Regencia, combinando locaciones de gran valor histórico con la maestría de la pastelería contemporánea.
La especialista Mariana Mangiarotti explica que este fenómeno rescató mezclas clásicas que solían ser exclusivas de los palacios británicos. Hoy, esa mística se respira en salones que datan de principios del siglo XX, donde los vitrales y el mobiliario de estilo conservan el espíritu de una época de esplendor. Desde hoteles boutique que ofrecen coctelería temática inspirada en dramas históricos hasta confiterías tradicionales de barrio con mármoles italianos, la propuesta actual es tan variada como sofisticada. El público puede optar por degustaciones pausadas en entornos majestuosos o visitar modernas bakeries de autor que priorizan el detalle visual y la calidad de las hebras seleccionadas.
Esta ruta gastronómica demuestra que el buen gusto no conoce de fronteras temporales, consolidando a Buenos Aires como una capital referente en el arte de servir el té.
