En el regreso de las sesiones al Senado bonaerense, el exministro protagonizó un cruce con Verónica Magario y cuestionó al gobernador, apenas dos meses después de haber declarado públicamente que lo votaría «con los ojos cerrados» para presidente. Su discurso volvió a centrarse en la chicana mediática, evidenciando la falta de iniciativas legislativas de fondo.
La trastienda de los recintos legislativos donde los problemas reales de los bonaerenses suelen quedar en segundo plano ante las disputas de cartel cartelera y la velocidad con la que un dirigente puede borrar con el codo lo que escribió con la mano con tal de acaparar los titulares de la prensa marcan el pulso de un peronismo provincial en plena crisis de identidad. En una coyuntura donde los municipios demandan soluciones urgentes en materia de infraestructura, recursos y seguridad, la reaparición de figuras que eligen el barro de la interna por sobre la producción de proyectos reales expone un vacío de liderazgo técnico alarmante. Analizar los puentes entre el Berni que hace semanas elogiaba la doctrina del gobernador y este nuevo personaje que hoy le reclama lealtades desde una banca aporta una mirada analítica fundamental para comprender la degradación del debate político actual.
Los pormenores del escándalo desatado en la Cámara Alta bonaerense, que incluyó cortes de micrófono y reproches cruzados con la vicegobernadora Verónica Magario, dejaron a la vista la facilidad con la que el actual jefe de bloque oficialista acomoda su discurso según sople el viento de la conveniencia, pasando de asegurar textualmente en abril de este año que Axel Kicillof era el único candidato firme con una clara visión de futuro a transformarse en su principal detractor en el recinto bajo el argumento de una supuesta falta de defensa hacia Cristina Fernández de Kirchner. Este insólito giro discursivo choca de frente con el propio historial del exministro de Seguridad, quien en el año 2021 pegó un portazo ruidoso anunciando que se iba del kirchnerismo para cortar el cordón umbilical y destrozando a la conducción de La Cámpora, lo que demuestra que sus reclamos actuales no son más que una puesta en escena para erosionar la figura del mandatario provincial en medio de una parálisis legislativa de cuatro meses donde su banca no ha producido una sola herramienta jurídica de peso para aliviar la crisis del conurbano.
Las diferentes terminales de los municipios del interior y el Gran Buenos Aires miran con desconfianza este nuevo perfil de comentarista mediático que adoptó el senador, advirtiendo que sus intervenciones solo dinamitan los puentes internos del espacio. Las mesas de conducción del Justicialismo bonaerense seguirán de cerca los movimientos de su bloque en las próximas jornadas para determinar si esta actitud responde a una estrategia aislada o a un intento sistemático por trabar la gestión del ejecutivo provincial.
