Un informe de la Fundación Tejido Urbano revela que el 57,6% de los hogares recurre a créditos o ahorros para sostener el techo. El endeudamiento bancario creció con fuerza, generando una peligrosa «espiral de insolvencia».
El acceso a la vivienda en Argentina atraviesa una crisis estructural que empuja a las familias a niveles críticos de endeudamiento. Según un relevamiento reciente, seis de cada diez hogares inquilinos deben aplicar estrategias financieras, como el uso de tarjetas de crédito o préstamos bancarios, para poder cubrir el costo mensual del alquiler.
El estudio destaca un cambio de tendencia: mientras que antes se recurría mayoritariamente a ahorros o redes informales, en 2026 se consolidó el uso del sistema financiero para gastos corrientes. Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, advirtió que esta deuda es «rígida» y obliga a los hogares a recortar en rubros esenciales como salud, educación y alimentación para no caer en mora. El alquiler se ha convertido en un gasto inflexible que absorbe una parte desproporcionada de los ingresos, dejando a los trabajadores con márgenes mínimos de subsistencia. Por su parte, referentes del sector como Gervasio Muñoz señalan que este fenómeno suele derivar en el «autodesalojo», donde las familias terminan abandonando la vivienda por la imposibilidad de sostener los pagos.
La falta de capacidad de ahorro y la presión de los costos de ingreso, que ya rondan los 2 millones de pesos, mantienen a miles de familias atrapadas en una situación de vulnerabilidad habitacional permanente.
