Entre presiones de los sectores más combativos y la interna peronista, la central obrera vuelve a la Plaza de Mayo.
Este jueves 30 de abril, la CGT abandona la «pasividad» que le reclaman sus bases y sale a la calle. Con el trasfondo de una reforma laboral que divide aguas, el triunvirato cegetista intentará contener el malestar de gremios como la UOM y ATE, que ya armaron su propio frente combativo por fuera del acto oficial.
El documento que se leerá en la Plaza denuncia la «esclavitud» que supondría el nuevo marco legal de trabajo. Sin embargo, la atención está puesta en la reunión previa en la UTA, donde dirigentes como Barrionuevo y Maturano presionaron por un plan de lucha más agresivo. Mientras tanto, el PJ bonaerense y los movimientos sociales de la UTEP aportarán el volumen de gente para una movilización que promete ser masiva, pero que deja en evidencia las grietas en la conducción sindical ante un modelo que «ajusta» por el empleo.
El sector empresarial sigue de cerca el resultado de esta movilización, que podría marcar el fin de la tregua judicial sobre la reforma laboral.
