El escritor nació el 24 de agosto de 1899 en el corazón porteño. Su infancia entre libros, su paso por Palermo, la biblioteca paterna y una obra que trascendió todas las fronteras geográficas e idiomáticas.
A más de cuatro décadas de su fallecimiento en Ginebra, la figura del autor argentino sigue proyectando una influencia colosal sobre la literatura universal, consolidado como el artífice de un universo fantástico e intelectual sin igual.
Nacido un 24 de agosto de 1899 a las cinco de la mañana en una casona de la calle Tucumán 840, Jorge Luis Borges supo desde temprana edad que su destino ineludible era la literatura. Criado en un hogar bilingüe donde la biblioteca de su padre —y la fuerte impronta de su abuela inglesa Fanny Haslam— moldearon su genio, el joven Borges devoró clásicos antes de pisar formalmente una escuela y escribió su primer relato a los siete años.
Su mudanza posterior al barrio de Palermo —por entonces tierra orillera de malevos y compadritos— dotó a su obra temprana de una mitología urbana que más tarde se fundiría con la metafísica, los espejos, los tigres y los laberintos universales. Aunque la Academia Suecia le negó el Premio Nobel, recibió máximos galardones internacionales como el Premio Cervantes en 1980 de manos del rey Juan Carlos I, ocasión en la que definió al destino del escritor como algo «hermosamente fatal».
Un homenaje permanente a quien transformó el español literario y dejó grabada para siempre la geografía secreta de Buenos Aires en la memoria de la cultura global.
