Una empresa productora de aceite de manuka intervino de forma ilegal unas 30 hectáreas protegidas en la región de Gisborne. La Justicia condenó al empresario a pagar una multa económica y a retirar la totalidad de los ejemplares plantados para intentar restaurar el ecosistema.
Un insólito e impactante caso de daño ambiental se registró en Nueva Zelanda, donde una compañía dedicada a la elaboración de aceite de manuka fue sancionada tras arruinar un humedal protegido al intentar plantar 200.000 árboles.
La condena judicial cayó sobre la empresa Tairawhiti Pharmaceuticals y su propietario, Mark Kerr, por alterar severamente unas 30 hectáreas de los humedales Te Whare, en las cercanías de la localidad de Te Araroa (región de Gisborne). En plena pandemia durante el año 2020, la firma desplegó maquinaria pesada para arar el terreno, desmontar vegetación autóctona y cavar canales de drenaje. La intención del proyecto era cultivar arbustos de manuka (Leptospermum scoparium) para abastecer su producción de aceite y miel de uso cosmético y medicinal.
Sin embargo, el proyecto causó un impacto ecológico devastador dentro del área protegida por ley. El drenaje y la extracción masiva de agua —estimada en 5.000 litros diarios durante casi dos meses para el riego— pusieron en jaque a especies autóctonas en peligro, como los pájaros matuku y crake neozelandés, y peces como el kōkopu gigante. Ante el avance de la causa iniciada en 2021, la Justicia neozelandesa impuso una multa a la firma y le ordenó retirar los 200.000 ejemplares, rellenar los zanjones y cercar el predio para permitir la recuperación natural del terreno.
El fallo busca sentar un antecedente contra las intervenciones productivas no autorizadas sobre ecosistemas vulnerables.
