Un fuerte cortocircuito vinculado a las exigencias patrimoniales previos a una boda y al manejo de la fortuna acumulada a lo largo de quince años de trayectoria artística sacudió por completo al mundo del espectáculo.
El conflicto se desató cuando la reconocida cantante intentó adquirir una lujosa propiedad en Miami junto a su pareja, el futbolista Rodrigo de Paul, momento en el cual su padre le advirtió sobre la imposibilidad de afrontar la operación. Sin embargo, el detonante definitivo del quiebre familiar ocurrió al plantearse la necesidad de firmar un contrato prenupcial, trámite que derivó en una auditoría externa para conocer en detalle el estado de los bienes de la artista.
Según revelaron en el programa Puro Show, la auditoría arrojó que Tini «no tiene nada a su nombre», a pesar de haber facturado una cifra estimada en setenta y cuatro millones de dólares. Las investigaciones periodísticas detallaron que la administración del patrimonio se canalizó a través de distintas sociedades —como Tema Paxos, QVT SRL y A y A Talent SRL— integradas por sus padres y socios comerciales, donde la intérprete no figura como titular, comprometiendo incluso los contratos futuros de sus giras internacionales.
