Tras el último informe de UNICEF que ubicó la pobreza en la niñez en el 42,3%, el especialista Martín Maldonado cuestionó la mirada reduccionista de la medición por ingresos. Asegura que los números actuales siguen siendo «inadmisibles».
La interpretación de los indicadores sociales por parte de la comunidad científica permite complejizar los análisis estadísticos lineales que suelen dominar el debate público. Cuando las metodologías oficiales se limitan a constatar las fluctuaciones de los ingresos monetarios de los hogares en un plazo inmediato, se corre el riesgo de invisibilizar las carencias crónicas en materia de infraestructura, educación y salud que definen la vulnerabilidad social. Para las plataformas periodísticas dedicadas a la cobertura de la realidad habitacional y el desarrollo humano, desglosar las herramientas de medición sociológica aporta los elementos necesarios para comprender el verdadero alcance de la crisis.
El investigador del CONICET, Martín Maldonado, analizó los resultados del último reporte de UNICEF sobre la situación de la infancia en la Argentina. El estudio técnico, elaborado a partir de las bases de datos del INDEC, reflejó que la pobreza infantil descendió al 42,3% durante el segundo semestre de 2025, alcanzando a 5,1 millones de niños, niñas y adolescentes, mientras que la indigencia se ubicó en el 9,4%, lo que representa a 1.100.000 menores. Frente a estos resultados, Maldonado calificó la realidad como “inadmisible” para un país con abundancia de recursos y estabilidad democrática, advirtiendo de forma categórica que la pobreza constituye una condición estructural sumamente compleja de la cual no es posible salir en un período de seis meses.
El especialista insistió en la necesidad de diseñar políticas de mediano y largo plazo que trasciendan la mera asistencia económica transitoria.
