Tras la semifinal del Mundial, la portavoz de Keir Starmer mezcló el resultado deportivo con el reclamo soberano por las Islas Malvinas y desató el repudio generalizado
La histórica victoria del conjunto de Lionel Scaloni en la semifinal del Mundial 2026 no solo dejó secuelas en el plano estrictamente deportivo, sino que reabrió de manera inmediata el histórico diferendo diplomático entre Buenos Aires y Londres. En una reacción que escaló rápidamente a los despachos oficiales de Downing Street, las autoridades del Reino Unido apelaron a una retórica de confrontación para asimilar el impacto de la eliminación de su representativo nacional.
El fuerte tenor de los despachos diplomáticos concentró las coberturas de la prensa en la provincia de Buenos Aires. Las mesas de análisis internacional en el distrito bonaerense advirtieron sobre la inusual mezcla de términos deportivos y territoriales por parte de la administración inglesa. Los cables oficiales confirmaron que la portavoz del primer ministro británico Keir Starmer respondió a la bandera exhibida por los jugadores argentinos con una frase repudiable: «Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las Islas Malvinas sin duda lo son», al tiempo que reafirmó que el compromiso de su administración con la autodeterminación de los isleños «nunca flaqueará».
Analistas de política internacional de la provincia coinciden en que la desafortunada declaración expone la extrema sensibilidad que aún genera el reclamo de soberanía argentino en los estamentos políticos del Reino Unido.
