De la partida de Rodolfo D’Onofrio a los bandazos en el vestuario: un repaso por la seguidilla de decisiones dirigenciales, errores de mercado y pérdidas de identidad que desencadenaron en el actual presente del Millonario.
El presente de River Plate desconcierta y preocupa a sus hinchas por igual. Tras una nueva derrota este fin de semana, el equipo evidencia una preocupante falta de rumbo que trasciende lo meramente futbolístico. La crisis actual no es un hecho aislado, sino la consecuencia de una acumulación de decisiones erróneas que comenzaron a gestarse tras el fin de una era dorada en la institución.
Para entender el origen de esta debacle es necesario retroceder hasta la salida de Rodolfo D’Onofrio de la presidencia. A partir de allí, bajo la gestión de Jorge Brito, la línea institucional trazada desde 2013 comenzó a desdibujarse. Pese a un título inicial bajo el mando de Martín Demichelis, la filtración de conversaciones privadas y la mala gestión del vestuario provocaron una sangría que terminó con el regreso de Marcelo Gallardo, una etapa que no logró reencauzar el rumbo.
A la inestabilidad en el banco de suplentes —que incluyó el posterior paso de Eduardo Coudet y la dolorosa caída ante Belgrano— se le sumó una profunda transformación sociocultural en el club. La remodelación del Monumental, si bien significó un hito de infraestructura a nivel mundial, coincidió con un alejamiento del hincha tradicional, el encarecimiento de las entradas, compras millonarias sin rédito deportivo y un evidente bajón en el rendimiento de las divisiones inferiores.
Las medidas de ajuste drásticas, como la reducción del plantel y topes salariales, no han logrado frenar el impacto de eliminaciones prematuras frente a rivales de menor jerarquía y una racha de derrotas consecutivas en el torneo local.
Con la identidad del club en juego, la dirigencia y el cuerpo técnico se enfrentan al desafío urgente de rearmar las bases para devolver a River a los primeros planos.
