Según el informe oficial del IDECBA, casi tres de cada diez asalariados porteños no cuentan con aportes jubilatorios. El fenómeno de las «changas» creció y ya representa el 9,7% de la población ocupada.
El monitoreo periódico de las variables de empleo en los grandes centros urbanos permite medir el impacto real de los programas económicos sobre la calidad del mercado de trabajo. Cuando las condiciones de contratación se flexibilizan por la vía de los hechos, las estadísticas oficiales reflejan una mutación estructural donde el empleo asalariado formal cede terreno ante diversas formas de cuentapropismo y subempleo. Para los especialistas en relaciones laborales, este corrimiento hacia la marginalidad horaria precariza de manera directa los ingresos de los hogares.
El Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA) publicó su relevamiento correspondiente al primer trimestre de 2026, exponiendo un severo deterioro en los indicadores sociolaborales del distrito. La desocupación escaló un punto porcentual en la comparación interanual, mientras que la subocupación marginal —los puestos de menos de 16 horas semanales, denominados popularmente «changas»— saltó del 8,2% al 9,7% de la torta laboral. El informe revela además que el 27,3% de los asalariados porteños padece la falta de regularización previsional, dado que sus empleadores no les efectúan los correspondientes descuentos para la seguridad social.
El endurecimiento de las condiciones macroeconómicas debilitó la base del trabajo registrado en la Capital, consolidando un esquema donde la búsqueda de un segundo ingreso se vuelve indispensable para cubrir la canasta básica urbana.
