Un informe revela que la carne vacuna aumentó casi el doble que el resto de los productos. El impacto de los fletes internacionales y la carga impositiva en el mostrador.
La brecha de precios entre los distintos tipos de cortes está reconfigurando el mercado interno de carnes. De acuerdo a la economista Nicolle Pisani Claro (FADA), la combinación de una alta presión impositiva y el aumento de los costos internacionales de logística ha llevado a que el consumo de carne vacuna toque mínimos históricos, situándose en 44,5 kilos anuales por persona.
El informe destaca que el 51% del precio de la carne son costos de producción, pero advierte que el 28% se lo llevan los impuestos. En términos comparativos, el cerdo se consolidó como la opción «amigable con el bolsillo» al registrar subas muy inferiores a las de la hacienda vacuna. A este escenario se suma la presión externa: el bloqueo en el estrecho de Ormuz y la suba de combustibles impactan directamente en el transporte de granos, encareciendo la cadena de valor.
Con una inflación general que corre al 33%, la carne vacuna se disparó un 64%, marcando una distorsión que, según los expertos, seguirá impulsando el crecimiento de las carnes alternativas en la dieta diaria de los hogares.
